Es curioso, ayer leí un articulo en La Nueva España, de Amadeu Fabregat, dando las gracias a la crisis porque a Televisión Española no llegan los dineros para comprar programas y por esto emitió una vez más Doctor Zhivago. Me pareció un comentario interesante, aunque descubriera anécdotas que ya conocía.
Pero hoy me toca a mí, con toda mi humildad, acaban de poner en la 2 la película Cinema Paradiso. La he visto programada por casualidad y me ha dado tiempo a verla entera. Aunque la tengo guardada en DVD, junto con un pequeño grupo de películas, no me resisto a dejar de verlas cuando las pillo en televisión.
Para mí Cinema Paradiso tiene un especial significado, en mi familia había dos cines, el cine YUT y el Teatro Principal. El primero era un cine amplio, grande, con más de 700 plazas, divididas en dos partes, la mayoría en el patio de butacas y una pequeña porción de algo más de 100 butacas en el anfiteatro. Bueno, lo que realmente había en el anfiteatro eran unos impresionantes sillones que te sobrepasaban la cabeza, de una amplitud desconocida para aquellos años, los 70. Hoy cuando acudo a cines confortables de amplias butacas y recuerdo aquellos sillones del cine YUT, siento un orgullo familiar y pienso para mis adentros, esto ya lo teníamos en TUI, ! hace 40 años !. Ademas de esto tenía el cine una pantalla inmensa, con unas cortinas de color verde esmeralda y unos proscenios, próximos a ella, sobre los que había dos imágenes colosales de los oscar. Curiosamente el operador encargado de la proyección también se llamaba Alfredo, como en Cinema Paradiso. En este cine se exhibían al menos cuatro películas a la semana, había sesión los martes, jueves sábado, domingo y lunes. Además los viernes había una función especial de CineClub privado para socios, donde se ponían las películas menos comerciales, pero interesantes para los cinéfilos.
En el teatro principal solo había cine los domingos, era una sesión continua, donde se proyectaba una película a las cuatro, otra a las seis y se repetía la primera a las ocho. Aquí, con apenas catorce años comencé a trabajar como taquillero. Un domingo de cada tres, de tres y media a ocho y media de la tarde, pues los otros dos los hacían dos primos míos. Tuve el triste honor de trabajar el último día, un domingo de primavera, ya mediados los 70, una de las cámaras no aguantó más y aquello fue la excusa necesaria para cerrarlo.
Para los residentes en TUI, que conocen el discurrir de la historia de este Teatro, creo que es evidente la relación con la película Cinema Paradiso. Incluso hoy el teatro tiene delante una pequeña plaza llena de coches. En TUI no ha sido necesario derribarlo, porque el pobre se ha caído solo.
El teatro se dividía en tres categorías platea, en las que había cuatro sillas de rejilla, costaba 18 pesetas; butaca, con asientos de madera al precio de 15 pesetas y por último tres niveles de anfiteatro a 12 pesetas que estaban formados por bancos corridos. Como acabo de ver en la película, a veces se proyectaba una película en el cine YUT, a las tres y media, como sesión infantil, que se bajaba a toda velocidad para exhibirla a las seis en el Teatro.
Hoy como todas las veces que la veo he vuelto a emocionarme con la escena final, cuando el protagonista ve la película hecha por Alfredo con recortes, producto de la censura del párroco, con las escenas de besos que no pudo ver de pequeño.
Hoy también quisiera recordar a mi padre, que aunque era parte de su trabajo, me inculcó el amor por el cine, al comentar juntos la revista Fotogramas, los artículos de MR Belvedere, y cuando veíamos en casa una película en la televisión su gran memoria y erudición para relacionar actores, directores y películas.
Al final lo que esperamos, al menos yo, cuando vemos una película es emocionarnos y desde luego con Cinema Paradiso me ocurre cada vez que la veo.
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