Siempre que hablo con alguien
del tema de la educación me convierto en un gran defensor de la escuela pública.
Me enorgullezco de haber estudiado en el Instituto San Pelayo de Tui, así en
castellano, porque me temo que mi centro no tiene mucho que ver con el actual
San Paio. Aquel instituto no era normal y por supuesto poco común; había dos
tipos de profesores, aquellos a los que temías y otros a los que respetabas, sospecho
que hoy no hay centros públicos con estas características, probablemente porque
lo que falla es el alumnado.
Hoy me he enterado de la
muerte de Blanca Padin en el trágico y desgraciado accidente de Santiago, que
cierto es que la proximidad a las victimas te toca más adentro, si cabe.
Pertenezco a la primera
promoción del BUP e ingresé en el instituto en el curso 1975-76. Como novedad
de aquel plan de estudios teníamos como asignatura música y tuve la suerte que
mi profesora fuera Blanca. Una asignatura nueva que nos desconcertaba a los
alumnos por los distintos criterios de exigencia, pero lo que si me acuerdo con
el paso de los años es que ella tenía claro que debía interesarnos por la música,
que nos picara la curiosidad y que por intentar memorizar una serie de
conocimientos no acabáramos aborreciendo la música. Hoy, cuando acudo a algún
concierto, muchas veces me acuerdo de ella.
Ya en 3º de BUP, la volví a
tener de profesora, esta vez me daba clase de francés. Recuerdo aquellas tardes
en las que intentábamos traducir las canciones de Georges Moustaki que sonaban en
un viejo casete, estrofa a estrofa, a
golpe de “play” y “rewind”. Una de aquellas canciones, que aún hoy tarareo en
cualquier momento y sin apenas darme cuenta era “Il y avait un jardin”. Espero
que ese jardín exista, pero ya que no podemos volver hacia atrás ojala que lo encontremos en el futuro.
A veces despreciamos el término
maestro, pues creemos que son aquellos que se dedican a los niños más pequeños
y profesores son aquellos, que ya licenciados, nos dan la base de nuestros
conocimientos. Yo distinguiría entre profesores, aquellos que nos trasmiten
conocimientos, y maestros, aquellos que nos enseñan a vivir, casi nada.
Nuestra memoria es selectiva
y en general tendemos a olvidar las cosas negativas, pero en el caso de Blanca
tengo un gran recuerdo porque formaba parte de ese grupo de profesores que respetabas,
porque fue más allá de enseñarme música y francés, tengo muy claro que ha
influido en mi personalidad y una parte de lo que soy fue modelada por ella. Si
bien son virtudes en un maestro lo ameno que sea o lo claro que expone sus
conocimientos a los alumnos, creo que el máximo éxito de un docente es haber
influido en sus pupilos mostrándoles el camino de la independencia y la
libertad que te da tener criterio propio, sin dejarte arrastrar. Blanca fue de
esas maestras, que al menos en mi caso, me afectó en ese sentido.
Los cristianos tenemos la
suerte de tener claro que esta vida no es el final y mucho menos el fin. Si
bien es cierto que estamos aquí para vivirla y disfrutarla, creemos que lo más
importante es la presencia en Dios, por ello creo que Blanca, aunque demasiado
pronto, disfrutará de esa nueva vida, porque su ejemplo, dedicación y
perseverancia le han facilitado el camino.
Aunque no conozca
personalmente a sus hijos, les deseo la mayor de las fortalezas para poder
afrontar estos tristes momentos, que piensen que tuvieron la suerte de contar
con una madre que además educó a miles de jóvenes, espero que muchos de ellos
tengan mi mismo recuerdo de gratitud hacia ella.
Espero poder coincidir en ese
“jardin” celestial en el que tú ya estás…