jueves, 5 de mayo de 2011

Un encuentro en Santiago

El pasado lunes día 2 de mayo, me encontraba en Santiago de Compostela visitando a mi hijo que está allí estudiando. Después de comer, le acompañé a la oficina de correos para solicitar el voto por correo para el día 22, pues no podrá votar en persona por sus exámenes. Bajábamos por la rúa de Xelmirez en dirección  a la rúa do Franco, donde está la oficina de correos, y al llegar a la plaza de platerías aparecieron un grupo de hombres trajeados que venían de la rúa da Raiña, el comentario que le hice a mi hijo fue:
"mira un grupo de chupopteros"
mi hijo se rió, pero lo curioso fue ver que el grupo venía encabezado o dirigido por el  señor José Blanco, ministro de transportes; este hizo algún comentario sobre la plaza de platerías y todos sus acompañantes dirigieron su mirada hacia la plaza, menos los guardaespaldas que nos estaban ojeando.
El grupo me recordó esas películas del oeste, cuando al dar la vuelta a una calle aparecían de repente los forajidos, con sus largos guardapolvos que escondían sus pistolas o rifles, si tuviera una cámara en el momento para grabarlo, en la proyección lo pondría a cámara lenta y con alguna música de Ennio Morricone.
Es curiosa la corte de acólitos que acompañan a los poderosos y José Blanco lo es todavía, si uno observa un grupo como este ve, como  las ondas que hace el agua al tirar una piedra en un estanque, las categorías del poder en función de la proximidad al ministro, cuanto más cerca más poderoso. Si uno se fija un poco me da la impresión que el Sr. ministro ha renovado su vestuario, pues se le ve como muy nuevo, como si estuviera haciendo las maletas para irse.
Una vez superado el grupo nos acercamos a la oficina y allí, mientras mi hijo cumplimentaba los impresos, una señora me pidió ayuda para rellenar los mismos y por supuesto le ayudé. Cerca nuestra estaba un chica, de aspecto universitario, que también cubría los mismos impresos. Mi sorpresa apareció cuando la oigo hablar por teléfono diciendo lo siguiente:
"Papa, estoy solicitando el voto por correo y en la casilla donde pone provincia, ¿que pongo, Galicia o A Coruña?"
Algo crujió en mi interior y enseguida me vinieron a la mente la imagen anterior, los políticos paseando por Santiago, tranquilamente, sin remordimientos, y una universitaria que no distingue entre una provincia y una comunidad autónoma.
Ese es el nivel de la educación en España y los responsables llenan sus discursos de grandes palabras y objetivos, pero cuando uno se encuentra con la realidad, solo caben dos posibilidades: resignarse  o indignarse, esta palabra que está tan de moda gracias a ese libro del francés Stephane Hessel.
Creo que no nos queda otra, indignémonos y echemos a todos esos mediocres que siguen al frente de nuestro futuro y conducen nuestras vidas por donde no queremos, da igual el partido, pues en España. en los dos mayoritarios hay suficientes vividores e inútiles, que han hecho de la política un lugar muy acogedor donde medrar y tener la vida resuelta, aunque muchos de sus conciudadanos lo estén pasando francamente mal.